El equipo alemán NSU 

en el Gran Premio Standard

Por Alberto Villa

 

Heriberto Bohnen ganó el GP y fue campeón en 1961 (foto Revista Velocidad)     

 

 

Miguel A. Galluzzi, integrante del equipo NSU en 1961

(foto Revista El Gráfico)

Poder correr en el inicio de los años 60 un Gran Premio con un NSU Prinz era como el más caro sueño de cualquier joven entusiasta del automovilismo.

Acelerar una "galerita" por las rutas del país, sentir el sonido de sus escapes y lucir los números en ambas puertas con el clásico sello distintivo del ACA, era simplemente lo máximo.

La rica historia deportiva de los NSU en nuestro país comenzó en 1959, cuando llegadas a Europa noticias de que "en un lejano y pintoresco país llamado Argentina se realiza una extensa y muy dura carrera", la NSU de Alemania decide participar en el Gran Premio con dos unidades preparadas por la  casa  de  Neckarsulm.   Sus  pilotos  serían Edgard Barth y Paul Frere, dos destacadas figuras del automovilismo internacional del momento.

Sin embargo ese año una joven promesa llamada Juan Manuel Bordeu, resultaría el ganador del Gran Premio con otro Prinz II.

Pero la "fiebre de las galeritas" habia brotado en la Argentina y tanto en las carreras cortas de fin de semana como en la siguiente edición del Gran Premio, la cantidad de NSU Prinz fue aumentando, y la cosecha de victorias vino como lógica consecuencia.

Leo Levine y Edgard Barth serían los pilotos europeos en la edición 1960 del Gran Premio, y Autoar se integró al equipo alemán en coparticipación con tres unidades conducidas por  argentinos. La organización y el despliegue del  equipo NSU para esa carrera  fue realmente impresionante, ya que se contaba con todo lo necesario para subsanar rápidamente cualquier inconveniente surgido en carrera.

Nuevamente un argentino, el joven Gian Marco Dolce, del equipo oficial, sería finalmente el vencedor.

En 1961 la casa NSU de Alemania, viendo la eficiencia y capacidad de los pilotos argentinos decide enviar solamente los autos para el nuevo Gran Premio, confiando la conducción de sus tres unidades a Antonio Von Döry, que lo haría con el aerodinámico modelo Sport Prinz, a Miguel Angel Galluzzi y a Heriberto Bohnen, estos dos con modelos Prinz III. Finalmente el ganador sería el experimentado Bohnen.

Luego vendría a partir de 1962 el período en que los BMW-De Carlo, los Isard 700 y solo el modelo Sport Prinz  de  NSU,  se  repartirían  los  triunfos  y  las  chances de  poder  pelear  la  punta en cada competencia. Por entonces los NSU Prinz comenzaban a ver cada vez más lejos ese dominio que habían logrado tener en la categoría hasta 700 cm3.

Vale la pena recordar en esta última época el asombroso andar que supo mostrar Gabriel Font, que sin llegar a redondear victorias,  ubicó siempre adelante a tal vez el último NSU Prinz competitivo.

Demostrando que fue un auto que no solo pasó por la historia del automovilismo deportivo argentino dejando  estadísticas,  dos  nombres  ligados a  aquella época y a la marca NSU: Alberto Rosales y Alberto Vidriales, se encargaron en la II Edición del Gran Premio Histórico 2004 de despertar en la gente con el paso de sus "galeritas", un sentimiento tal vez dormido pero jamás olvidado hacia un auto que marcó toda una época.

ALBERTO VILLA

jvilla@ciudad.com.ar

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