El Inolvidable Isetta

de Domingo Mario Corzo

Por Alberto Villa

La gran carrera anual para autos de serie que teníamos los argentinos durante los años 60 reunía siempre una importante cantidad de autos de la más diversa gama. Había importados y nacionales, estaban los modernos y los otros que no lo eran tanto, los autos potentes y los menos veloces.  En 1965 y 1966 el número de participantes en cada uno de esos increíbles Grandes Premios del ACA fue realmente impresionante, llegando a superarse las 400 inscripciones.

La categoría más pequeña que reunía a los coches hasta 700 cm3 era la más pintoresca, la más amateur y la que siempre entregaba alguna sorpresa.

Precisamente entre los inscriptos de esas dos ediciones apareció un modesto BMW-Isetta 300 de alguien que  decía participar con ese vehículo porque era su única posibilidad.

Se trataba del inolvidable Domingo Mario Corzo, quien se disponía a desafiar el difícil recorrido que proponía la maratónica competencia, con una velocidad y potencia muy inferiores al resto.

En cada una de sus dos participaciones (1965 y 1966), la tradicional largada nocturna lo encontró  en la interminable fila de competidores, acaparando todas las miradas y los mas diversos comentarios. Despertó en ambas presentaciones un interés quizá mayor al que habitualmente acaparaban las  grandes figuras y  máquinas de esa época.

En su recorrido  el público le supo brindar siempre su efusivo aliento y casi  todo lo que estuviese al alcance para su  continuidad en carrera. Sus mayores inconvenientes estuvieron en  el excesivo desgaste de las cubiertas tractoras y el sistema de frenos.

En una oportunidad Corzo declaró que se había  autocronometrado 108 km/h  en ciertos tramos de la ruta 8. En el tablero llevaba la leyenda “Prohibido el vuelo invertido, tanque de aceite no apto”. 

Las crónicas periodísticas también llegaron a contar que las empinadas trepadas de montaña las  encaraba marcha atrás, con su acompañante Carlos Aguirre corriendo a un lado, y que además en algunos tramos de piso anegado el Isetta era transportado en  la caja de un camión. Pero todo eso nunca se pudo comprobar.

Lo que  realmente fue verdad es que el simpático Isetta jamás fue último, llegando a completar en 1965 más de la mitad del recorrido del Gran Premio (2832 km), aunque su arribo a la ciudad de Tucumán se produjo fuera del tiempo máximo admitido.

 Como una ironía, el destino quiso que la vida de Domingo Mario Corzo se apagara un 19 de junio de 1971, cuando se encontraba internado en el neuropsiquiátrico José T. Borda.

ALBERTO VILLA

jvilla@ciudad.com.ar

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