Etapa 7

Potrerillos (Mendoza, Argentina) – Santiago (Chile),

Lunes 14 de enero de 2002

  

La caravana estuvo lista para partir a las cinco de la mañana. El Isetta del Sr. Delger ya estaba en camino hacia Los Andes (Chile) junto con su piloto. El camino a Uspallata estaba despejado y en buen estado, con ocasionales tramos de pavimento desparejo. Es necesario aclarar que “buen estado”, en nuestro país, significa una ruta sin muchos pozos, con poca demarcación horizontal y por supuesto sin banquinas asfaltadas.

 Las trepadas no eran muy difíciles en esta zona. La ruta acompaña el curso del río Mendoza, al principio fluyendo a nuestra derecha y luego, antes de Uspallata, se cruza un puente y el río pasa a estar a nuestra izquierda hasta llegar a la frontera. Serpenteando junto al río y la ruta, las viejas líneas del ferrocarril trasandino.

 Antes y después de Uspallata, pasamos por una serie de túneles no muy largos. Llegamos a Uspallata e hicimos una parada para cargar combustible. Allí elevé a 2 % la proporción de aceite 2T en el tanque. Tomamos el desayuno, y a la ruta de nuevo. Ya estábamos a 2000 m. Sobre el nivel del mar.

 En Arroyo Cortaderas quedamos impresionados por el capricho formado por un par de túneles sobre la ruta más otros dos paralelos, más pequeños, que al parecer conformaban un pequeño tramo de ruta en desuso. Paramos un rato pero recomendé seguir viaje debido al peligro de derrumbe.

 En las subidas, corté la excitación del dynastart. De esta manera, era de esperar que el motor trabajase más desahogado. Apenas noté una leve diferencia al tomar las subidas con un poco más de soltura. 

La técnica para las subidas seguía siendo la misma : Llevar al motor a un régimen medio de vueltas, bajando el cambio ni bien se sentía la pérdida de fuerza. Así trepábamos prácticamente en segunda muchas partes de la ruta, durante varios kilómetros. Afortunadamente, a pesar del sol que ya picaba bastante sobre nuestras cabezas, el viento de la cordillera era más que fresco y eso ayudaba a la refrigeración.

 Llegamos a Penitentes y cargamos combustible. Un poco más allá, luego de un par de cuestas y una bajada, llegamos a Puente del Inca. Decidimos hacer una parada un poco más larga para apreciar la belleza de ese monumento natural. Caminamos hasta el puente, lo recorrimos y llegamos a las ruinas del viejo Hotel. Toda la zona está cubierta de un color amarillo y las aguas, que fluyen por todos lados, tienen una temperatura agradable. 

Partimos. De allí en más : unos pocos kilómetros, la Aduana en Los Horcones, Las Cuevas, el túnel Cristo Redentor... Y Chile.

 Nuestro paso por la Aduana fue para olvidar. Allí perdimos más de dos horas, y eso que nadie tuvo problemas administrativos... A medida que nos iban liberando, formábamos tandas de a dos para el último tramo antes de la frontera. Leonardo y yo salimos últimos, con la kombi y el Chevrolet Montecarlo detrás. Paré para admirar el Monte Aconcagua, el más alto de América con sus 6959 metros, cubierto de nieves eternas. Seguimos camino, pasando por Las Cuevas, un pequeño pueblo ya muy cerca del límite internacional.

 Iba a necesitar todas las prestaciones del Isetta para el último tramo antes de la bajada : la Curva de la Soberanía Nacional, una trepada difícil que debí hacer casi toda en  primera, con el Isetta a paso de hombre. Por suerte, el viento de la Cordillera, bien frío a estas alturas, ayudó bastante.

 Leonardo se quedó un poco atrás, su carburador evidenciaba algunas fallas, tosía y por ello perdía potencia. Tomó un respiro y luego siguió lentamente pero pudo subir.

 Pasando la curva, se abre la boca del Túnel Internacional Cristo Redentor por delante. La ruta tiene una suave inclinación ascendente, la cual se convertiría en un leve declive al pasar el punto medio del túnel. La altura al ingreso : 3200 metros s.n.m. Más o menos a la mitad del recorrido, una línea blanca, trazada sobre el piso y sobre el abovedado del techo, marcaba el punto exacto que marca la frontera entre ambos países. Un par de carteles pequeños indicaban : “República Argentina. Buen Viaje”. Y otros dos, unos metros más allá : “República de Chile. Bienvenidos”.

 El momento fue de gran emoción. Nosotros, con esos pequeños autitos, luego de siete jornadas de viaje (seis en mi caso), atravesábamos el corazón de la Cordillera !!!! 

A la salida del túnel me encontré con el cartel de “Bienvenidos a la República de Chile” y al grupo reunido y festejando sobre la margen izquierda de la ruta. Esperamos a Leonardo, sacamos unas fotos inolvidables y nos saludamos y felicitamos todos por este importante logro.

 De allí en adelante, casi todo el camino sería en bajada... y con tramos bastante bruscos. Allí es donde comprobaríamos la eficacia de los frenos del Isetta en todo su esplendor. Emprendimos el camino hacia la aduana chilena. Un corto trámite y listo. Próxima parada : Los Andes. Pero antes : Los Caracoles... Se descienden poco más de 2000 m. en 63 kilómetros. La única forma de hacer este descenso, en plena Cordillera, es mediante una compleja red de cerradísimas curvas y contracurvas. A este capricho de la ingeniería vial se lo  denomina “los caracoles”.

 Comenzamos el descenso conservando la distancia. La técnica para tomar las curvas era dejar la caja en tercera, y jugar con el embrague y los frenos, en especial al fin de cada recta. También tener la mano izquierda lista para acudir al freno de mano si algo fallaba. Al principio hicimos el trayecto con un poco de temor pero luego fuimos aflojando un poco a medida que veíamos que los Isettas se comportaban excelentemente.

 Bajados los caracoles, y con un aire general de triunfo, nos apostamos en un bar donde nos encontramos con gente de la televisión nacional de Chile, nos hicieron una nota y varias tomas en el camino, luego seguimos viaje.

 La próxima parada fue Los Andes. Allí cargamos combustible. Seguí con el 2T, ya nuevamente al 1 %, y mis amigos uruguayos con el aditivo reemplazante de plomo. Luego nos dirigimos a la sede de la compañía de transportes para coordinar el regreso de nuestros vehículos y dejar allí todo el equipaje sobrante.

 Hablando con la gente del transporte, tuve el presentimiento (más adelante sería certeza) de que no iba a ser fácil mi regreso, ya que el transporte pasaba por Argentina pero sin siquiera hacer aduana en mi país ya que la mercadería salía precintada.

 Me reencontré con el resto de la caravana, ya reunidos con Juan René Delger. De allí seguimos viaje, nuestro último destino y fin oficial del Raid Internacional BMW Isetta : Santiago de Chile.

 El último tramo se hizo por la autopista “Los Libertadores”, ya a esa altura eran más de las 8 y media de la noche. Por suerte los Isettas seguían viajando bien, aunque las cuestas son de kilómetros de largo, los cuales recorríamos lentamente con nuestros Isettas, condenados ellos a circular en segunda por una eternidad y nosotros a sufrir una quemazón de la espalda.

 Luego de un largo viaje, llegamos a las afueras de Santiago. De allí retomamos camino hacia Providencia, donde está el hotel Four Points, de la cadena Sheraton. En esos momentos sólo quería una habitación para darme un buen baño y dormir. El cansancio me hizo olvidar la importancia del logro obtenido : Yo, un químico devenido en oficinista, llegando del otro lado del continente, en el extranjero y con un vehículo de los años ‘50 de 300 cm3 de cilindrada, poco más que una moto carrozada...

 Luego de un par de vueltas, llegamos al Four Points. El cansancio acumulado no nos permitió siquiera festejar nuestra exitosa llegada. Fue un día extenuante y mis pobres huesos ya no daban más. Un reparador baño y a la cama. Prácticamente me desmayé hasta la mañana siguiente.

 

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